ASPERGILOSIS
Hannis L. Stoddard III
La aspergilosis es la infección fúngica más común en las aves. Aunque estos animales están normalmente expuestos a las esporas de este hongo, sólo en determinadas circunstancias desarrollan esta enfermedad: si el sistema inmune está debilitado por otra enfermedad simultánea, malnutrición o estrés. La aspergilosis provocada por estrés es frecuente en aves que han pasado por una cirugía, han criado, o bien por cambios en el entorno, capturas, transporte…
La aspergella, al igual que otros hongos, se desarrolla principalmente en lugares húmedos y oscuros con escasa ventilación. Factores como materia fecal incrustada, comederos sucios, comida que cae bajo las rejillas de la jaula favorecen el desarrollo de moho. Curiosamente, se ha detectado una mayor incidencia de Aspergilosis en el suroeste, donde el clima es seco, lo cual no es muy favorable para el crecimiento de hongos. La posible causa de este fenómeno es que la baja humedad, junto con un alto nivel de polvo en el ambiente, impide la secreción normal de mucosas en las vías respiratorias de las aves y las predispone a padecer micosis.
En el caso de los Amazonas, es frecuente observar dos manifestaciones de Aspergilosis. Una de ellas consiste en un brote agudo caracterizado por la aparición del hongo en los alvéolos pulmonares, el tracto intestinal y otros órganos. Aquellas aves afectadas por este tipo de Aspergilosis presentan dificultades respiratorias, depresión severa y extrema delgadez. Desgraciadamente, esta manifestación de la enfermedad provoca una tasa de mortalidad muy elevada. La segunda variedad de esta infección es una forma localizada crónica. La aspergilosis crónica tiende a producir aspergelomas localizados (núcleos de infección micóticos). Dependiendo de dónde se localice, los signos clínicos variarán. En el caso de los Amazonas, es frecuente encontrar aspergelomas en los senos nasales, lo que provoca secreciones mucosas intermitentes.
El diagnóstico de Aspergilosis aviar en animales vivos puede resultar difícil. Existen evidencias clínicas tales como la ausencia de infecciones bacterianas en secreciones que facilitan el diagnóstico. Un análisis de sangre que muestre un nivel elevado de glóbulos blancos, anemia leve y una tasa alta de monocitos también puede ayudarnos en el diagnóstico. A cualquier ave sospechosa de padecer esta enfermedad deberíamos aplicarle rayos-X, pues a menudo las radiografías mostrarán densidades o nódulos de aspergelomas. Además, un veterinario especializado en aves debe tomar muestras y realizar cultivos de hongos, además de enviar muestras de sangre a un estudio serológico.
Una vez se ha diagnosticado Aspergilosis, el veterinario prescribirá un tratamiento adecuado, el cual debe confeccionarse según cada caso particular. Es indispensable retirar cualquier tipo de inmunodepresor que exista, además de tratar cualquier otra enfermedad que concurra en el proceso, y aplicar inmunoestimulantes de forma adecuada. También se ha de suministrar un tratamiento anti hongos, bien localizado o más generalizado. A veces es necesaria la cirugía para tratar algunos aspergelomas localizados, mientras que la nebulización agresiva y la descongestión nasal es necesaria en otros casos. Además, debe aplicarse un tratamiento a largo plazo.
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Traducido por Lucia Antolin
para la Fundación Cokotua-La Casa de Coko